El 14 de febrero de 2020 marcó un antes y un después en la historia del restaurante, cuando Pope asumió su dirección con una visión clara y profundamente arraigada en sus valores. Más que gestionar un negocio, Pope dio vida a un espacio familiar donde cada plato cuenta una historia: la del mar, la del esfuerzo diario y la de una tierra rica en tradición.
Con una firme convicción, quiso llevar a la mesa algo más que comida: quiso rendir homenaje a quienes salen al mar cada día, transformando su trabajo en experiencias gastronómicas auténticas. Apostó siempre por productos frescos, de primera calidad, y por recetas que respetan la esencia de la isla.
Hoy, aunque Pope ya no está entre nosotros, su legado sigue muy presente en cada rincón del restaurante. Su pasión, su dedicación y su manera de entender la cocina continúan siendo el alma de este lugar. Cada servicio, cada plato y cada sonrisa al cliente son reflejo de lo que él soñó y construyó con tanto cariño.